Perú al ritmo de las olas

05 de Junio del 2014 Tonos, Otros, Ocio Zinio, Youtube, Y, version, versio, velocidad, Varios, Tu, Tonos, Tienda
A 1.165 kilómetros al norte de Lima y a un tiro de piedra al sur de Ecuador, Máncora es una pequeña localidad apuntalada sobre tres cosas: el surf, el buen tiempo y cualquier cosa que los visitantes puedan hacer con las dos anteriores. Viajo con la esperanza y la promesa de que Máncora será como Malibú o como la isla de Oahu hace 50 años. Un enclave de surf lo bastante desconocido como para ser novedoso, fresco, fascinante, pero capaz de proporcionar servicios de calidad a los que llegan hasta aquí.

Perú al ritmo de las olas



En el camino hacia allá me fui dando cuenta de la similitud que tiene Máncora con muchos otros lugares del mundo. Los mismos perros callejeros flacuchos, las mismas tiendas con techos de chapa donde comprar cervezas y detergente, las mismas niñas con el pelo recogido en coletas con cuentas de mil colores, las mismas playas eternas, las olas, las palmeras danzantes... Siento como si ya hubiera estado aquí antes. ¿No es este el lugar de México donde se celebra la competición de surf de ola grande o ese pueblo de Jamaica donde estaba el rústico motel que tanto me gustó?



Atravieso la ciudad por una carretera cubierta de arena que conduce directamente a la orilla del mar. Un poco más adelante, emerge algo improbable, sorprendente. Media docena de estructuras construidas con grandes cantidades de vidrio y piedra. Se parecen a los caros y exclusivos balnearios que se encadenan a lo largo de la costa. Salgo del cuatro por cuatro, camino a través de una entrada fortificada y ahí está: un mundo de piscinas infinitas y discretos divanes de playa, y la visión de una playa infinita de alrededor de ochocientos metros de ancho. Como una versión en miniatura del paraíso tropical de Ian Schrager. Fue entonces cuando me di cuenta de que, después de todo, este lugar no es igual al resto.



Tras registrarme en el Máncora Marina Hotel, me dirijo directamente a la barra del delicioso bar. Pido un margarita helado que me sirven con unos chips de plátano crujiente. El cielo, inusualmente gris, amenaza lluvia. Me pregunto cómo será Máncora en temporada alta. lEntre el 29 de diciembre y el 1 de mayo no encontrarás una habitación disponible en varios kilómetros a la redondar, me asegura Mariela, la encantadora subgerente del hotel. lLlegan viajeros de todas partes: Chile, Argentina, Perú... del Reino Unido no tantosr. ¿Y de Estados Unidos? Mariela sonríe.



http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/mancora_marina_hotel_8632_630x.jpg Hotel DCO Máncora

John Huba

Antes de que una margarita se convierta en dos, decido acercarme al pueblo. Un pueblo que juega toda su suerte a una sola carta. Y esa carta es La Sirena. Ahí está el restaurante La Sirena y el café La Sirena y, a pesar de que en la misma calle hay una docena de bares, cafeterías y restaurantes, una vez que entras en el universo de La Sirena ncon sus sillas desvencijadas, iluminación tenue, buena música, olor a aceite de oliva y hierbas frescasn ya no quieres ir a comer a ningún otro sitio.

Me siento en la esquina a observar cómo las mesas se llenan de hipsters (muchos autóctonos) bronceados mientras decido el menú. lNuestra especialidad es el atúnr, me anuncia Carlos, tan sonriente que aparenta que estuviera a punto de contar un chiste. lPero verdaderamente todo está buenísimor. Sonríe de nuevo y me guiña un ojo. O ha fumado algo o es el camarero más feliz del mundo (después de varias comidas, descubro que se trata de lo segundo). lDime, Carlos, ¿de quién es este restaurante?r, levanto la voz por encima del jaleo. Carlos sonríe de nuevo. lJuan es un auténtico mormón peruanor. ¿Hay auténticos mormones peruanos? ¿quiénes seguirán siendo los falsos? l¿Un mormón de verdad?r, le pregunto. l¿Quién es mormón?r, responde Carlos perplejo. lJuanr, respondo. lHum, no lo sabíar, ahora es Carlos el que me mira como si fuera yo la que ha fumado. De nuevo, más despacio, me repite: lJuan es el nuevo propietarior.

Juan Seminario es el propietario, aunque no es nuevo. Abrió La Sirena hace ocho años, después de estudiar en Le Cordon Bleu de Lima. lMáncora es un lugar extrañor, me asegura Seminario cuando nos encontramos al día siguiente. lAl principio no impresiona mucho, pero después de dos o tres días todo cambia y al final te acaba atrapando. Es mágico. En cuanto conectas con su energía, conoces a la gente, pruebas la comida... todo cambia. Pero, por supuesto, sobre todo está el surfr.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/restaurante_y_bar_la_sirena_9184_630x.jpg Restaurante y Bar La Sirena

John Huba

El surf es a Máncora lo que el vino es a La Rioja. Es la razón para venir. Es asimismo la razón por la que, en los últimos años, Máncora ha pasado de ser una pequeña localidad con olas a una pequeña localidad con olas, hoteles con sábanas de algodón egipcio y duchas en cascada y chefs formados en Le Cordon Bleu. Es fácil entender el porqué: la costa ha sido bendecida con un oleaje suave y constante durante todo el año. Unos días en Máncora (¿dos? ¿tres? uno acaba perdiendo la cuenta), sale el sol, y Máncora comienza a sentirse a velocidad de crucero. Por todas partes encuentras detalles que te recuerdan que te encuentras en Sudamérica: ceviche fresco, sonrisas sinceras, caballos flacuchos, rickshaws motorizados...

Pero en la playa, la cultura del surf es la cultura del surf. Y el centro de toda la acción es The Point, una escuela de surf alojada en una palapa (una especie de chamizo abierto) donde los chavales pasan el rato. Veinteañeros de piel morena, con los abdominales definidos y gafas de sol de espejo, se saludan con sus mudras de surfistas. Viven en un mundo previo al melanoma y a las patas de gallo. The Point está dirigido por Alan lMaranga' Valdiviezo y su novia, Evelyn Manzón. lLlevo toda la vida surfeando en Máncorar, me cuenta. Detrás de mí, dos surfistas enceran sus tablas. lHemos sido testigos del cambio de Máncora y de cómo ha conseguido conservar su carácterr.

En Máncora uno es posible decidir no moverse, dejar de explorar, o convertirlo en el punto de partida hacia una serie de relajados pueblecitos costeros donde el surf es religión. Un poco más al sur se encuentra Los Órganos, conocido por sus rompientes y por el tamaño de sus olas. Y a una hora más al sur está Lobitos, el hermano mayor de Máncora. Lobitos es a donde uno va cuando quiere practicar stand up paddle o cuando busca un surf más intenso, o las dos cosas. Es un lugar al que se va exclusivamente por las olas. La playa es preciosa, pero la refinería y las plataformas petrolíferas arruinan totalmente el escenario.

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/stand_up_paddle_en_lobitos_7224_630x.jpg Stand up paddle en Lobitos

John Huba

lEl surf en toda esta zona es fantástico ya que no está tan llena de genter. Cristóbal de Col, con 21 años, es una estrella del surf, y su imagen llena las vallas publicitarias. En 2006, Cristóbal fue el campeón del mundo en la competición para menores de 14 años y, desde entonces, ha ganado todos los títulos que Perú es posible otorgar a un surfista. En 2012 entró en el libro Guinness de los récords por realizar la mayor cantidad de maniobras en una sola ola (34 quiebres en una ola en 2 minutos y 20 segundos).

Estamos junto a una fogata en el patio delantero de su casa en Los Órganos, con vistas al Pacífico. De Col vive aquí con su madre y su hermana Nadia, ex-surfista profesional y un número variable de parientes y amigos. Con sus blancas sonrisas y sus melenas aclaradas por el sol, vayan donde vayan aparenta escucharse 'Stir it up' de Bob Marley.

lEl surf ha formado parte de nuestra cultura desde los incasr, me asegura De Col. lAquí hay olas todo el año, buenos rompientes, el agua es cálida y no hay peligro porque los tiburones no se acercan a la orilla. He surfeado en todas partes y no hay un lugar tan especial como ester.

Me despierto a las seis de la mañana, me tomo una taza de café y camino hasta la playa. Las algunas únicas criaturas despiertas a esta hora son un escuadrón de pelícanos sobrevolando la superficie cristalina del Pacífico. Cazan para el desayuno. El día comienza a abrir a la perfección, cálido y despejado. Esta es la hora mágica de Máncora. Fuera, mar adentro, veo una sombra oscura rompiendo lentamente el agua prístina. Pronto se esfuma. Y luego otra. De pronto, tres ballenas jorobadas asoman a la superficie y, un momento después, sin hacer ruido, desaparecen en su mundo secreto, un mundo tranquilo de aguas cálidas a la orilla de este lugar tan especial.

* Este artículo está publicadoen la revista de Condé Nast Traveler de mayo número 74.Este número está disponible en su versión digitalpara iPad en laAppStore de iTunes, y en la versión digital para PC, Mac, Smartphone y iPad en el quiosco virtual de Zinio (en terminales Smartphone: Android, PC/Mac, Win8, WebOS, Rim, iPad).

http://cdn.traveler.es/uploads/images/thumbs/201423/paseo_a_caballo_en_mancora_116_630x.jpg Paseo a caballo en Máncora

John Huba

Enlace(s):
http://www.mancoramarina.com/galeria.php
http://thepointhostels.com/
http://www.cristobaldecol.com/
https://www.youtube.com/watch?v=n6U-TGahwvs&feature=kp
http://es.zinio.com/www/browse/back-issues.jsp?productId=500658341&WT.mc_id=PUB_WWW_es_500658341_publisher294819&rf=PUB_WWW_es_500658341&bd=1&pss=1